Es decir: Recuerdo las negras mañanas de sol cuando era niña es decir ayer es decir hace siglos
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27 de febrero de 2007

Samsa también descubre su metamorfosis porque despierta

Estoy dormida. La persiana baja lo deja todo en la oscuridad. Se escucha un ruido que antecede el despertar: es el ascensor. La autora es la única que tiene noticias de este ruido, porque la durmiente, por definición, no se entera. ¡Por dios! ¡Qué sonido de mierda le puse al teléfono! Evidentemente, dimos paso a la que era durmiente. Una palma tantea mi entorno inferior que es tela, goma espuma, hilo, baba, ácaros, temperatura y sudor y encuentra el teléfono. Era una alarma, mí alarma para avisarme que según mis propios cálculos ese día la crisálida #13 se rompería y nacería mi décima mariposa. Restan por nacer siete. Hay siete pupas sin eclosionar. Hay diez pupas que eclosionaron. Hay tres que ya no van a eclosionar nunca más. Todas tienen un número, ese es su nombre. ¿Cuántos nombres hay en total? Hay veinte. Como la edad que tenía cuando empecé a hacer esto.

Interrumpe la autora: esto es una especie de background que te da ella para que tengas dónde apuntalar tu imaginación cuando te diga que sus cálculos, se mete de sopetón la que era durmiente: ¡lo quiero decir yo! que mis cálculos tienen la precisión de un reloj suizo y yo acabo de ver en este cuarto el nacimiento de una de mis mariposas. La que se llama Trece. Ahora miro el recorte de Vladimir Nabokov que está pegado en la pared y me dan ganas de llorar, pero no lloro y me pongo a leerlo en voz alta. Hago lo que no planeo hacer con ninguna de las crisálidas que jamás eclosionaron. ¿Para qué darles este regalo desde mi lado del mundo que les da bienvenida a un puñado de muertas? ¿Para qué?

Y ahí está ella que mientras pendula aprovecha para liberar de a poco sus alas y reconocerlas como firmes partes de su cuerpo; desinflando de a poco la panza que sale siempre hinchada porque las mariposas al nacer tienen el abdomen diez veces más grande que el tamaño normal. A que no lo sabías. Y mientras que de todo esto se encarga ella yo camino como autista en la habitación leyendo. Relatándole. Contándole. Mostrándole a mi mariposa un pedazo de este mundo al que vino.

Unas horas después tengo sueño y apoyo la cabeza en mis brazos, sobre la mesa. La autora retoma: para comprender del todo a este texto, es necesario recurrir al recorte que mencionaba la durmiente. No se moleste en buscarlo, aquí lo tiene. Mientras Ud. lee eso, yo voy a subir la persiana para que la mariposa salga.

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26 de febrero de 2007

Lo que mata es la humildad


Acabo de terminar el documento -por triplicado- que certifica mis últimos deseos:

Y tomarme un balde con lavandina para que luego mis parientes me fumen y tiren las cenizas en el escote de la Coca Sarli porque esta humedad me está matando.

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22 de febrero de 2007

Choznas

En el siglo diecinueve una alumna de la clase de piano le escribe a su compañera

Le escribí. Pero le escribí sólo porque ya deseaba obsesivamente esperar algo. Que no llegue no importa, yo solo quiero esperar.

Su compañera guarda esa nota hasta que muere. Queda escondida en el fondo falso de una caja de música y pasa de hija en hija.

De hija en hija.

(Escuchen cómo suena)

De hija en hija.

De hija en hija.

Y hace siglo y medio que cargamos con esa culpa. Cinco generaciones de hembras al pedo, una y otra vez queriendo lo mismo, queriéndolo lo mismo. Y sí, por sobre todas las cosas que hay por hacer, esperar, esperar ¡esperar!

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16 de febrero de 2007

Supongamos que cada vínculo tiene la capacidad de desenlazarse de dos modos exhaustivos y necesariamente antagónicos –de ser exhaustivos, como digo que son, obvio que son antagónicos ¡estas cosas corregidme!-; ahora que suponemos eso, pensemos en un vínculo. Yo voy a elegir el que creaban mi hermana mayor y la dueña del pronombre posesivo “mi”, léase, yo. Yo acabo de elegir ese y me propongo seguir adelante con este texto evitando cualquier tipo de pausa innecesaria, me obligo agarrándome de ese vínculo a la escritura, aunque sobre velocidad, aunque esto pueda caer en manos de cualquiera. Me prometo, y lo digo mientras caen las primeras gotas de esta lluvia de verano, mientras canta Joanna, me prometo no frenar, seguir y ver qué pasa. Ahora me dispongo a bajar la dosis de solemnidad.

Bajemos. Respiremos con la boca abierta. Una bocanada fresca, darling, there's a place for us can we go, before I turn to dust? Y ahora se escucha el bifurcado final.

Las personas se mueren, eso pasa todo el tiempo. Por ejemplo yo acabo de morir en el recuerdo de alguien. Un kiosquero hace dos años se equivocó al darme el vuelto y la vergüenza al notarlo provocó un sesgo emotivo que sirvió de presión a una huella casi indeleble y así duré dos años en su memoria, pero hace unos minutos me olvidó. Yo acabo de morir en el recuerdo de alguien. En la Estación Tribunales compré dos viajes para el subte y morí cuando ponía el pie en la escalera eléctrica. Había muerto en el recuerdo de alguien. Estas son cosas que pasan todos los días y no nos afectan demasiado. Lo que nos afecta es el asesinato o en otras palabras cuando eligen olvidarnos, o dicho de otro modo un poco más victimario, cuando elegimos olvidar. Yo asesiné mi recuerdo de alguien, estas son cosas que hago todo el tiempo.

Así pudo haber muerto mi hermana, Oficial.

Otra historia es si se suicidó.

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15 de febrero de 2007

A veces también somos esto

- A ver... bajalo un cachito.
- ¿Así está bien?
- No no.. un poquitín más.
- ¿Ahí?
- ¡Ahí! El volumen indicado es el que te hace sentir más cerca del sonido. Pero en esa frase no se cumple la premisa "los sonidos se vuelven más agudos al acercarse". En este momento me di cuenta de que no se cumple ninguna de las leyes más corroboradas de la física, de que en este momento se deshizo el universo.

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11 de febrero de 2007

Y hoy que es sábado por la noche y las cosas callaron. Los planeadores se hartaron. La caminata no cansa y la duda pasa a ser un ritual habitual donde cada mínimo detalle se mantiene intacto. Ahora que la culpa de tentarme y caer para él se ha cansado de derrochar insultos y por fin se ha dormido. Ahora. Se abre la puerta y entra Melisa. Usa una remera con una entrada a Melisa y un dibujo de Melibé en plena y lenta asfixia. La pintaron blanca y nada de esto le es indiferente.
Pero todavía no... parándose sigilosa puso su mano en mi hombro y suavemente me corrió de la silla. Estoy en la trama.
Todavía no - me dijo-. No hace falta que lo sepan todavía.
Y ahora escribe ella. Sigue siendo ella.

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9 de febrero de 2007

Sin querer cerré sesión en mi cuenta de gmail ordinaria. Ordinaria… digo ordinaria queriendo decir que tengo otras cuentas. Una para hacerme la Lolita por la net. Es que a veces me divierte entrar en páginas como las de AFF y calentar a más de un cincuentón que se cree invencible. Otras veces me gusta ingeniar avisos bizarros y publicarlos en Grippo, a ver qué responde la gentuza y para ello entonces necesito otro correo que tampoco sea el mío, es decir, que no sea el ordinario. Alguna que otra vez quise ver qué reacción tenía algún novio si una minita les presentaba coqueteo por mail, así que ahí sumamos otra cuenta más de correo electrónico, alguna con un nombre sugestivo pero pasible de ser encontrado entre la multitud de hembras que sí les darían bola a alguno de los novios que tuve. El nombre no tenía que ser tan vulgar como Karina (sepan entender Karinas y asumámoslo) ni tampoco tan moderno como Zoe, tampoco tenía que insultar la inteligencia de la presa –léase, algún ex con el que quería jugar a detective- llamándose Alina, como la de Cortázar, ponele. ¡Uy y el apellido! Porque había que usar apellido, no estaba bien poner números, eso era de malgusto. Claramente me dejaba entrever en la selección minuciosa del nombre de mi seudónima, de mi amiga, de mis primeras Melibés; en algún punto quería volverlos a enamorar con mi personaje, quería volver a ser esa mascarita de los primeros meses aunque él tuviese todo el tiempo cara de monitor y a su vez y para Melisa, cara de novio, de pareja, de lo mismo… Habrán sido esos primeros juegos adolescentes la primera señal del derrumbe del sedentarismo romántico para mí. Cuando jugué a estar enamorada entendí rápido que había muerto el romanticismo y que si yo aprendía a jugar cada vez mejor nunca reviviría.

Hoy me relajo. La idea de resurrección fue un acto terrorista, un implante en mi encéfalo, un chip ultramoderno que los jesuitas del romanticismo me enchufaron. Es que tienen artillería pesada y con una tecnología de puta madre, qué querías que hiciera.

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Cristián me compró un evatest y, como si esto no fuera suficientemente extraño me lo trajo hasta mi casa (yo vivo muy lejos de la suya, muy).
Cristián se quedó tomando mate conmigo hasta que se me llenó la panza de agua y me lo hice. Cristián y yo, nunca cojimos.
Cristián ayer hizo eso. Ayer pasó su tarde haciendo eso y yo no me sorprendí hasta hoy.

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8 de febrero de 2007

La estrepitosa caída en la frecuencia del acto sexual que experimentó Melibé al llegar a BUE tiene sublimes –sí, su-bli-mes- consecuencias artísticas: yo sé bailar.

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