Detenerse y pensar son actos nefastos al espíritu
Por pensar y no sólo por detenerme a ello, sino también a orgullosa saltar sobre la saliva de mis propias explicaciones, hoy aseguré con candado de alma a un adiós sin vaivén quisquilloso de manos, fue mas bien un adiós roto de a pedazos, un adios ceniza que fue verdadero en el vaivén que lo hace adiós entendido y que a pedazos se cae, pedazos de invisible postura para este tercero.
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