Te dedico mi último post
Ahora tengo tiempo para pensar. No sé lo que está pasando. Qué quiero hacer. Tengo al otro, a ese muy otro demasiado presente, y me embarco, sin embargo, en cuestiones de metejón en el orden de lo real con este otro, más cercano. Como si no fuera poco, aparece un personaje nuevo que ni califica en la otredad, aunque presente, aquí se evidencia en el texto. Éste último, impresentable, el del medio inexpresivo y el ultísimo, qué decir de aquél que está demasiado presente y sigue siendo otro y no uno, nunca uno. Cuando dos no hacen uno, cuando dos menos uno da cero, cuando uno dice que ahí hay algo que se perdió, y efectivamente se perdió, cuando pasa todo esto ¿no deberíamos mejor dejar de pensar y hacer el amor tal como lo hacíamos cuando todavía no nos conocíamos tanto?
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