De la superficie de deseos absurdos emergen bichitos. Algunos son colémbolos con botas, otras son libélulas de cabaret, a veces, si estan de humor, aparecen las cucarachas de moda o las hormigas con cascabeles, nunca falta una amantis atea ni los escarabajos con dolores de cabeza. Son todos muy diminutos, no existe ninguna posibilidad, ni una semejante al tamaño de los bichitos, de que algún día los veas aflorar de las uñas arrastrándose. Se arrastran, imploran, ruedan rogando por el piso de papel pues, naturalmente, emergen de deseos absurdos como el de ser amada.