Ciclo
Cada noche, donde dormir es, sin lugar a dudas, la mejor de todas las opciones, tengo que repetírtelo:
No me reproches nada. Tus gritos de dolor y agonía son privilegios que no merece
esta náufraga. Tuya. Ellos, los gritos, son como humeantes sedas de araña, de la
araña que todas las noches, en el preciso instante donde debiera dormir, sale de
su cuna rodeada de una legión de pequeños hombres, que a tu vez gritan y
agonizan. Es ensordecedor para esta desabrigada que te pide con temblor que no
reproches, y que con muda y delirante pregunta constante te quiere callar los
labios y en su imposibilidad de besarte por no saber hacerlo, penetra con los
dientes, magulla las comisuras y ya no hay manera de que te calles. Chorros de
sangre, hilos de saliva entre mis dedos cuando quiero no escucharte, la araña
mira triunfadora en la esquina del techo perdiéndose en las manchas de humedad y
la legión de hombrecitos furiosos se va metiendo en mis orejas, mancho mi pelo
de sangre intentando quitarlos, pero no hay caso, ellos gritan desde adentro, es
tu culpa, es tu culpa, quedate callado así los saco, ya entraron, no hay caso,
tu culpa, es tu culpa.