Es decir: Recuerdo las negras mañanas de sol cuando era niña es decir ayer es decir hace siglos
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16 de febrero de 2007

Supongamos que cada vínculo tiene la capacidad de desenlazarse de dos modos exhaustivos y necesariamente antagónicos –de ser exhaustivos, como digo que son, obvio que son antagónicos ¡estas cosas corregidme!-; ahora que suponemos eso, pensemos en un vínculo. Yo voy a elegir el que creaban mi hermana mayor y la dueña del pronombre posesivo “mi”, léase, yo. Yo acabo de elegir ese y me propongo seguir adelante con este texto evitando cualquier tipo de pausa innecesaria, me obligo agarrándome de ese vínculo a la escritura, aunque sobre velocidad, aunque esto pueda caer en manos de cualquiera. Me prometo, y lo digo mientras caen las primeras gotas de esta lluvia de verano, mientras canta Joanna, me prometo no frenar, seguir y ver qué pasa. Ahora me dispongo a bajar la dosis de solemnidad.

Bajemos. Respiremos con la boca abierta. Una bocanada fresca, darling, there's a place for us can we go, before I turn to dust? Y ahora se escucha el bifurcado final.

Las personas se mueren, eso pasa todo el tiempo. Por ejemplo yo acabo de morir en el recuerdo de alguien. Un kiosquero hace dos años se equivocó al darme el vuelto y la vergüenza al notarlo provocó un sesgo emotivo que sirvió de presión a una huella casi indeleble y así duré dos años en su memoria, pero hace unos minutos me olvidó. Yo acabo de morir en el recuerdo de alguien. En la Estación Tribunales compré dos viajes para el subte y morí cuando ponía el pie en la escalera eléctrica. Había muerto en el recuerdo de alguien. Estas son cosas que pasan todos los días y no nos afectan demasiado. Lo que nos afecta es el asesinato o en otras palabras cuando eligen olvidarnos, o dicho de otro modo un poco más victimario, cuando elegimos olvidar. Yo asesiné mi recuerdo de alguien, estas son cosas que hago todo el tiempo.

Así pudo haber muerto mi hermana, Oficial.

Otra historia es si se suicidó.

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