Samsa también descubre su metamorfosis porque despierta
Interrumpe la autora: esto es una especie de background que te da ella para que tengas dónde apuntalar tu imaginación cuando te diga que sus cálculos, se mete de sopetón la que era durmiente: ¡lo quiero decir yo! que mis cálculos tienen la precisión de un reloj suizo y yo acabo de ver en este cuarto el nacimiento de una de mis mariposas. La que se llama Trece. Ahora miro el recorte de Vladimir Nabokov que está pegado en la pared y me dan ganas de llorar, pero no lloro y me pongo a leerlo en voz alta. Hago lo que no planeo hacer con ninguna de las crisálidas que jamás eclosionaron. ¿Para qué darles este regalo desde mi lado del mundo que les da bienvenida a un puñado de muertas? ¿Para qué?
Y ahí está ella que mientras pendula aprovecha para liberar de a poco sus alas y reconocerlas como firmes partes de su cuerpo; desinflando de a poco la panza que sale siempre hinchada porque las mariposas al nacer tienen el abdomen diez veces más grande que el tamaño normal. A que no lo sabías. Y mientras que de todo esto se encarga ella yo camino como autista en la habitación leyendo. Relatándole. Contándole. Mostrándole a mi mariposa un pedazo de este mundo al que vino.
Unas horas después tengo sueño y apoyo la cabeza en mis brazos, sobre la mesa. La autora retoma: para comprender del todo a este texto, es necesario recurrir al recorte que mencionaba la durmiente. No se moleste en buscarlo, aquí lo tiene. Mientras Ud. lee eso, yo voy a subir la persiana para que la mariposa salga.
Etiquetas: fumé